Photofago

Sobre Photofago
Te Amo

Sobre Photofago

Un fotófago es un bichito pequeñito que come luz, pero se nutre de la sombra. Viaja de rayo en rayo. Se esconde en las gavetas, hurga en las alcobas, se mete en los escotes, busca en los secretos. Es quien trata de entender lo que pasa con los cuentos cuando se cierra el libro; es quien está detrás de tus sueños y detrás de los míos. Un fotófago es este bicho que los biólogos han puesto entre dos reinos: entre el reino de las tiridufitas y el de los carnales arcabuces que disparan sin cesar.  Su búsqueda no termina nunca: empieza con el alba y se agudiza con la noche. Gusta de la oscuridad, pero la teme; escribe con la luz porque no quiere hablar de sí mismo; viaja porque está huyendo. Lo que escribe con su luz es lo que ve en sus viajes o lo que cree ver y lo que no ve, lo inventa.

Es el deseo que no está dicho, el sueño que no ha pasado. Escribe con luz porque no sabe escribir con letras, porque no sabe hablar. Los fotófagos no saben nada más que hurgar, espiar, contradecir. Desean, pero no tocan. Anhelan un beso que jamás dieron, un beso que jamás darán y, por eso, se esconden detrás de estos artilugios, de estas quimeras, en imágenes que no cuentan historias: son estampas de su propia existencia. La fotofagia es su transporte, su vehículo y su mundo. Dedico, pues, este trabajo a los fotófagos que todos llevamos dentro.